Hoy, tenemos con
nosotros a la mayoría de la clase que es la vanguardia de la
revolución, la vanguardia del pueblo, la clase capaz de arrastrar
detrás de sí a las masas.
Tenemos con nosotros a
la mayoría del pueblo, pues la dimisión de Chernov no es, ni mucho
menos, el único indicio, pero sí el más claro y el más palpable,
de que los campesinos no
obtendrán la tierra
del bloque de los eseristas (ni de los propios eseristas), y éste es
el quid del carácter popular de la revolución.
Estamos en la situación
ventajosa de un partido que sabe firmemente cuál es su camino en
medio de las más inauditas vacilaciones, tanto de
todo el imperialismo
como de todo el bloque de los mencheviques y eseristas.
Nuestro triunfo
es seguro, pues
el pueblo está ya al borde de la desesperación y nosotros señalamos
al pueblo entero la verdadera salida: le hemos demostrado, "en
los días de la kornilovada", el valor de nuestra dirección y,
después, hemos
propuesto una
transacción a los bloquistas, transacción que éstos
han rechazado
sin que por ello hayan terminado sus vacilaciones.
(…)
Contamos con todas las
premisas objetivas para una insurrección triunfante. Contamos con
las excepcionales ventajas de una situación en que sólo nuestro
triunfo en la insurrección pondrá fin a unas vacilaciones que
agotan al pueblo y que son la cosa más penosa del mundo; en que sólo
nuestro triunfo en la insurrección dará inmediatamente la tierra a
los campesinos; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección hará
fracasar todas esas maniobras de paz por separado, dirigidas contra
la revolución, y las hará fracasar mediante la oferta franca de una
paz más completa, más justa y más próxima, una paz en beneficio
de la revolución.
Por último, nuestro
Partido es el único que, si triunfa en la insurrección, puede
salvar a Petersburgo, pues si nuestra oferta de paz es rechazada y no
se nos concede ni siquiera un armisticio, nos convertiremos en
"defensistas", nos pondremos a
la cabeza de los partidos de guerra,
nos convertiremos en el partido "de guerra " más
encarnizado de
todos los partidos y libraremos una guerra verdaderamente
revolucionaria. Despojaremos a los capitalistas de todo el pan y de
todas las botas. No les dejaremos más que migajas y los calzaremos
con alpargatas. Y enviaremos al frente todo el pan y todo el calzado.
Y, así, salvaremos a
Petersburgo.
Fragment de la carta de Lenin al Comitè Central del POSD de Rússia
(13-14 de setembre de 1917)
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