Yo aconsejaría mucho que en este Congreso se introdujesen varios cambios en nuestra estructura política.
Desearía exponerles las
consideraciones que estimo más importantes.
Lo primero de todo coloco el aumento
del número de miembros del CC hasta varias decenas e incluso hasta
un centenar. Creo que si no emprendiéramos tal reforma, nuestro
Comité Central se vería amenazado de grandes peligros, caso de que
el curso de los acontecimientos no fuera del todo favorable para
nosotros (y no podemos contar con eso).
(...)
Me refiero a la estabilidad como
garantía contra la escisión en un próximo futuro, y tengo el
propósito de exponer aquí varias consideraciones de índole
puramente personal. Yo creo que lo fundamental en el problema de la
estabilidad, desde este punto de vista, son tales miembros del CC
como Stalin y Trotsky. Las relaciones entre ellos, a mi modo de ver,
encierran más de la mitad del peligro de esa escisión que se podría
evitar, y a cuyo objeto debe servir entre otras cosas, según mi
criterio, la ampliación del CC hasta 50 o hasta 100 miembros.
El camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha
concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que
siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte,
el camarada Trotsky, según demuestra su lucha contra el CC con
motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de
Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad.
Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero
está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto
puramente administrativo de los asuntos.
Estas dos cualidades de dos destacados jefes del CC
actual pueden llevar sin quererlo a la escisión, y si nuestro
Partido no toma medidas para impedirlo, la escisión puede venir sin
que nadie lo espere
(…)
Stalin es demasiado brusco, y este
defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones
entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de
Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la
forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a
otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás
aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más
leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos
caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil
pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la
escisión y desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca
de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se
trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva.
Carta de Lenin al XIII Congrés del Partit Comunista de la Unió Soviètica (22 de desembre de 1922-4 de gener de 1923)
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